viernes, 13 de agosto de 2010

Gringa en trance

Agarra el clásico "Comer, beber, amar", cámbiale el cuestionable beber por el correctísimo rezar, métele un poco de humor y líos amorosos a lo Bridget Jones, sazónalo con un aire de moderna espiritualidad del tipo yo-hago-yoga o mi-casa-es-zen, esparce un poco de crónica de viaje ¡y voilá! Perfecto best seller.
Es el caso de "Eat, pray, love", tremendo éxito de la estadounidense Elizabeth Gilbert que se volverá mucho más famoso aún desde esta semana, cuando el mundo vea a la diosa invencible del celuloide, la mismísima Julia Roberts, metida bajo la piel de esta escritora que busca aventuras y se acuesta con el super sexy Javier Bardem.
Aventuras, sí. Porque si bien Gilbert define su búsqueda como de sanación, yo creo que el detonante de su año viajero es el hartazgo de su american way of life y la enorme necesidad de improvisar, de rebelarse al fin, de ponerle sazón a su vida. Obviamente nada mejor que un viaje largo, inusual y lleno de acontecimientos y personajes para limpiarse, renovarse y recargar energías.
Que el libro es super entretenido, indudable. Para mí vale la pena por los provocativos relatos de la vida cotidiana en Roma ("comer", por supuesto) y en Bali ("amar"). Lo de la India es otro rollo. En lugar de viajar por el inmenso país y explorar su variada cultura, el capítulo "rezar" está enfocado en la versión india de esa práctica. Para quienes andan en busca de neo misticismos el relato puede ser bienvenido. Personalmente me provocó cierta curiosidad atisbar el día a día en un centro de oración oriental poblado por occidentales en pos de una epifanía, pero ciertamente me aburren y me cansan los pasajes de iluminación.
Sin embargo, puedo perfectamente imaginar cómo esos mismos parrafos volvierons locos a los lectores allá en el norte. Si viviera en Estados Unidos y tuviera espíritu empresarial abriría mi agencia de viajes especializada en La India hoy mismo y estaría listísima para subirme a la ola del exitoso turismo de peregrinaje que de hecho explotará en ese país en breve. Sobre todo después de que Julia, con harto ojo marketero, se declaró convertida al hinduísmo.
Hare Krishna, hare hare...