jueves, 8 de abril de 2010

Oops, I did it again!

Luego de que un amable gurú chino moldeara a punta de paciencia y misteriosas hierbas mi trajinada humanidad hasta encontrar algo que pareciera cintura, esta vuelve a esfumarse. La tragedia de mi vida.

Y es cada vez peor. Si antes me recuperaba con dos meses de dieta, ahora necesito cinco. ¿Quién fue el estúpido –porque solo puede haber sido hombre– que dijo que los 40 eran solo un número? Ok, yo sigo sintiéndome tan joven como siempre pero mi cuerpo no se entera. Si antes bastaba con dejar de tragar pan, pastas y postres, ahora hay que dejar de chupar también. ¿A qué sabe la vida sin azúcar, carbohidratos ni alcohol? Qué asco.

Ya sé que mi clase de pilates, con lo rico que se siente la estirada y tan conveniente para mi pobre espalda, no es suficiente. Ahora hay que sudar firme. Y cerrar la boca. Punto.

Siempre supe qué le pediría a Ricardo Montalbán si algún día me recibía en su isla. Condenada desde chiquita a sufrir el espanto de la grasa acumulada y conocer el suplicio de la dieta, soñaba con poder comer, comer, comer sin miedo, lo que me diera la gana, como esas horribles tipas eternamente flacas. No digo que nunca me haya mandado una jornada de satisfacción plena, ignorando la amenaza calórica y despachándome con todo lo que se me antojara. Pero jamás, ni por un segundo, tal deschave estuvo carente de culpa. A tal éxtasis del paladar, tal angustia en el corazón.

¡¿Por qué, por qué, por qué?! Mi chino sabio dice que comer es lujo de flacos y yo nunca lo seré: a lo más, en mis mejores momentos, soy una gorda recuperada. Maldita desde la cuna, carajo. ¿Qué esperan los científicos para encontrar por fin la cura? ¿Será que viviremos lo suficiente para ver el día de la liberación? ¿Será que el planeta estará alguna vez lleno de flacos tragando sin paltas? ¿Se imaginan lo paja que sería el mundo sin gordura?

2 comentarios:

80M84RD3R0 dijo...

yo no imagino un mundo sin tu belleza, princesa

moniq dijo...

Tú siempre tan gentil, mi querido Bombardero.