Demasiado rock en Lima, carajo. ¿Por qué precisamente tras mi exilio? Tantos viajes a otras ciudades para asistir al orgasmo colectivo de los grandes en vivo y justo cuando estos deciden aterrizar en el Jorge Chávez yo ya soy clienta del O.R. Tambo. Me jode. Y me jode más que este país sea tan afanoso del soul y el R&B. Extraño el rock. Necesito el rock. Quiero rock.
Nunca nada me tocó como el rock and roll. Ni siquiera los hombres amados, que al final no son eternos, como sí lo es la música. El rock me cambió la vida, me abrió las puertas al mundo, me hizo descubrir mis propios impulsos. Me electriza la piel con su energía, me conmueve con la fuerza de sus letras, me inunda con la potencia de la batería, me hipnotiza con el ritmo del bajo, me seduce con el grito de la guitarra. El rock me hace sentir siempre joven, siempre anhelante, siempre viva.
El rock es mi religión.

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