Los violadores: 28% de los hombres sudafricanos, según propia confesión. Las violadas: cualquiera que tenga vagina. Son bien democráticos, le dan a todas por igual: enfermos de Sida violan a niñas vírgenes creyendo que así se curarán; homofóbicos violan a lesbianas “para que sepan lo que es bueno”; negros violan a blancas como revancha histórica; ladrones roban a sus víctimas de yapa; matones violan a sus chicas después de granputearlas; asesinos violan a futuros cadáveres varias veces, y a veces también a cadáveres; las que usan mini no tienen derecho a reclamo "porque están pidiendo que las violen", aunque las pudorosas no se libran. Alta o baja, rica o pobre, gorda o flaca, linda o fea, joven o vieja, tímida o mandada, da igual. En este país una gran parte de la población masculina ve la violación sencillamente como una muy viril demostración de supremacía y durante el juicio se preguntan sorprendidos por qué tanta vaina, honestamente incapaces de entender la profundidad de la marca que dejaron en otra piel. Las mujeres caminan por la calle siempre con miedo. Pensar que en Lima se amargan por los faltosos…
jueves, 19 de noviembre de 2009
Uno, dos, ultraviolento
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