No me siento aún parte de Sudáfrica. Y pese a regulares asaltos de melancolía no sé si podría volver a encajar en Perú. Sé que la ciudad que dejé no existe,
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Creo haber llegado al punto aquel en que la canción de Facundo Cabral cobra sentido. No soy de aquí ni soy de allá. Causa angustia y placer, cierta ansiedad mas también una deliciosa sensación de libertad. La no-pertenencia es innatural al ser humano, supongo. Pero facilita abrir puertas. Si ya no estoy atada a mi país de origen y aún no lo estoy al adoptivo, el mundo podría ser mi casa. Quizás no regrese, quizás no me quede. Me encanta ese quizás.
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