martes, 22 de septiembre de 2009

¡Tetas!

Chiquitas, inmensas, triangulares, ovaladas, redondeadas, redondísimas, aplanadas, de aureola reducida, de aureola gigante, marrón claro, marrón oscuro, marrón casi negro, de pezón redondo, de pezón cilíndrico, de pezón casi plano, juntas, separadas, apuntando hacia adentro, proyectadas hacia afuera, erectas, caídas, firmes, blandas, altas, bajas, lindas, raras, armoniosas, impactantes, disonantes, púberes, jóvenes, menos jóvenes, orgullosas, tímidas, alegres, tristes, asustadas, relajadas, conchudas, arrogantes, simétricas, asimétricas, imponentes, semiescondidas, agresivas, inofensivas, descaradas, decoradas, enmascaradas, al natural...

¡Cuánta teta! No sabía que había tantos diseños posibles. Las vi todas juntas hace una semana durante la Reed Dance, una ceremonia tradicional en la cual las vírgenes zulus le rinden tributo a su rey. Desfilan en interminable comparsa, un clan tras otro, cerca de 15 mil chicas felices, todas con las tetas al aire. Tremendo espectáculo.

sábado, 5 de septiembre de 2009

Cabralísima

No me siento aún parte de Sudáfrica. Y pese a regulares asaltos de melancolía no sé si podría volver a encajar en Perú. Sé que la ciudad que dejé no existe, Lima no es ya la misma, yo no soy la misma. El reencuentro está previsto dentro de un año, tras varios de ausencia, y es imposible saber qué sabor tendrá.

Creo haber llegado al punto aquel en que la canción de Facundo Cabral cobra sentido. No soy de aquí ni soy de allá. Causa angustia y placer, cierta ansiedad mas también una deliciosa sensación de libertad. La no-pertenencia es innatural al ser humano, supongo. Pero facilita abrir puertas. Si ya no estoy atada a mi país de origen y aún no lo estoy al adoptivo, el mundo podría ser mi casa. Quizás no regrese, quizás no me quede. Me encanta ese quizás.