
Se llama Mokgadi ‘Caster’ Semenya. Difícil saber por el nombre si es hombre o mujer. Difícil, también, por la foto. Más difícil aún para quienes la vieron volar en la pista y gritaron competencia desleal. Pero la mayor dificultad la tienen el genetista, el endocrinólogo, el ginecólogo y el psicólogo reclutados por la IAAF (International Association of Athletics Federations) para saber si la corredora de look hiper andrógino merece la medalla de oro en 800 metros que ganó con extrema ventaja. ¿Es o no es?
Los exámenes pueden tomar meses. No se trata de verificar si orina sentada, usa sostén o tiene manzana de Adán. Tampoco ayuda encontrar ovarios o testículos. Su inclinación sexual es desconocida y aunque fuera clara no aporta información útil. Al verla es difícil aceptarla mujer –alta, fuerte, músculos grandes, pecho plano, vello facial, voz grave– aunque ella se haya pensado chica toda su vida.
Los indignados vecinos de la remota aldea de Ga-Masehlong, en la provincia de Limpopo, no salen de su espanto. “¿Cómo no voy a saber qué es si yo misma la crié?”, exclama la abuela, mostrando a la prensa el cubrecama rosado de la atleta. No comprenden cómo el mundo puede dudar lo que la partera decretó al primer vistazo.
El tema es denso y no hay examen infalible. Primero se intentó con cromosomas, pero la gran cantidad de variantes de las clásicas XX y XY son complicadas y no determinantes. Se quisieron basar en los genitales, mas ese test tampoco es definitivo, se puede tener un híbrido entre clítoris y pene, y ser legítimamente hombre o mujer (además, se puede ser físicamente masculino en el exterior y femenino en el interior, y viceversa). Intentaron chequear hormonas -en promedio los hombres tienen más andrógenos- pero esa teoría se descartó: los atletas destacados no son gente promedio.
La pobre chica parece destinada a miradas curiosas, silencios embarazosos. A los 18 se debate entre la gloria del medallista y el horror del freak. Ojalá pudiera sellar la discusión con un certificado, mas el informe no será concluyente: la biología del sexo es compleja y al final la decisión de los médicos será deportiva, no natural.
¿Qué hacer, Semenya? ¿Aceptas la constante polémica en las pistas atléticas o renuncias a la competencia para refugiarte en tu anónima aldea? Tremenda encrucijada para un ser humano que, por ahora, deberá concentarse en una decisión muchísimo más trascendente.