Desde que me instalé en el continente negro, disfrutando del ocio al que mi condición de no-ciudadana me obliga, me he dedicado al saludable ejercicio de darle rienda suelta a todas mis neuras. Fácil, claro: sin marcada de tarjeta matutina, sin cuentas por pagar a fin de mes, sin constantes rings, poco me distrae de este feroz encuentro conmigo misma. Es agotador, no crean. Dedicarte a escarbar lo que has acumulado en el negro pozo del alma durante décadas es una experiencia intensa y espero quedar cero kilómetros cuando esta etapa culmine. Mi novio, pobre, debe lidiar con su condición de punching ball exclusivo pero a decir verdad, la mayor parte de mi mierda se derrama sobre la pantalla.
Necesito chamba.
No hay comentarios:
Publicar un comentario