Mis vecinos de Zimbabwe logran lo impensable: que mi país parezca extremadamente civilizado. Si nuestra hiperinflación de los atribulados ochenta nos parecía insufrible, ellos usan trillones para comprar un pancito y octillones para gasolina. Si el cólera mató a cientos de peruanos en los noventa, aquí ya son varios miles y no vale hervir el agua porque no hay (agua - ni con qué hervirla). Si el terrorismo nos tenía en jaque, ellos sufren persecuciones, torturas y asesinatos en nombre del nefasto Bob. Si los vladivideos lograron remecer nuestra adormecida capacidad de escándalo, la noticia de madame Mugabe reventándose el billete del moribundo país en los malls de Hong Kong provocan mandarse, cual Tom Cruise, con un plan para eliminar al gran jefe. Rankeando alto en corrupción, con amplio historial de dictadores megalómanos y un alto índice de compatriotas autoexiliados (“en todas partes del mundo / siempre hay / un peruaaaanoooo”), el Perú y sus engendros, Vladi incluido, lucen tibios frente al extremísimo Robert Mugabe.
Hoy una pequeña esperanza se instala en el atormentado país: el opositor Morgan Tsvangirai jura como primer ministro, en un gobierno compartido con el inefable, y el perseguido Tendai Biti asume la chamba más jodida del mundo: ministro de una economía destruida por 10 sextillones % de inflación acumulada (o sea, un 10 y 36 ceros!). Pero francamente, mientras el libertador convertido en dictador no se mueva, difícil creer en Zim.
Solo Dios lo sacará del poder, dice Bob. Nos jodimos los ateos.
miércoles, 11 de febrero de 2009
¿Zim sin Bob?
Mis vecinos de Zimbabwe logran lo impensable: que mi país parezca extremadamente civilizado. Si nuestra hiperinflación de los atribulados ochenta nos parecía insufrible, ellos usan trillones para comprar un pancito y octillones para gasolina. Si el cólera mató a cientos de peruanos en los noventa, aquí ya son varios miles y no vale hervir el agua porque no hay (agua - ni con qué hervirla). Si el terrorismo nos tenía en jaque, ellos sufren persecuciones, torturas y asesinatos en nombre del nefasto Bob. Si los vladivideos lograron remecer nuestra adormecida capacidad de escándalo, la noticia de madame Mugabe reventándose el billete del moribundo país en los malls de Hong Kong provocan mandarse, cual Tom Cruise, con un plan para eliminar al gran jefe. Rankeando alto en corrupción, con amplio historial de dictadores megalómanos y un alto índice de compatriotas autoexiliados (“en todas partes del mundo / siempre hay / un peruaaaanoooo”), el Perú y sus engendros, Vladi incluido, lucen tibios frente al extremísimo Robert Mugabe.
Hoy una pequeña esperanza se instala en el atormentado país: el opositor Morgan Tsvangirai jura como primer ministro, en un gobierno compartido con el inefable, y el perseguido Tendai Biti asume la chamba más jodida del mundo: ministro de una economía destruida por 10 sextillones % de inflación acumulada (o sea, un 10 y 36 ceros!). Pero francamente, mientras el libertador convertido en dictador no se mueva, difícil creer en Zim.
Solo Dios lo sacará del poder, dice Bob. Nos jodimos los ateos.
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