
No necesito googlearlo para saber que nos va hasta las huevas en las eliminatorias. El sentimiento pa
trio no se pierde así nomás. Por acá, en cambio, le voy agarrando el gusto al casi inédito sabor de la victoria deportiva: mi equipo, The Sharks, acaba de coronarse en el campeonato nacional; mientras que Sudáfrica, mi casa desde hace más de un año, levantó por segunda vez la copa del mundo el año pasado. Tremendas juergas.

Rugby, of course. En fútbol andan felices de ser los anfitriones en el 2010 pues de otra forma Bafana-Bafana (*) no la hace ni bananas. Es una delicia sentirse los mejores del mundo y nunca pensé que esta segunda patria –igual que la otra, más habituada a la derrota– me permitiera disfrutar esta intensa y siempre esquiva emoción.
No es lo mismo, dirán. No pues. Pero no porque no sea la blanquirroja, que bien regia me
sentí con la verde-oro, sino por la ausencia de mi mancha para beber la gloria. Aunque ambos triunfos se vivieron a la altura, en bares con pantalla gigante y vasos siempre llenos, nunca será igual que recorrer Miraflores con mis patas al dulce grito de Perú Campeón.
(*) chapa de la selección que significa, en zulu, “muchachos-muchachos”)
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