Hablar de la renuncia de un presidente me suena a Fuji en pos de Vladi, fugando a Tokio y faxeando su cartita del adiós. ¿En África? Conato de guerra civil, mínimo. ¿Pueden creer que la del presidente sudafricano fue seguida por un super pacífico cambio de mando?
Thabo Mbeki accedió al poder después de Mandela, fue reelegido en el 2004 y su periodo terminaba en abril. Hace rato que lo querían sacar pues es declarado enemigo de Jacob Zuma, actual cabeza del ANC (African Nacional Congress), pero necesitaban una excusa. Se las dio un juez de la Corte Suprema quien, evaluando la validez del afán del Estado en enjuiciar a Zuma, concluyó que Mbeki y compañía habrían utilizado a la fiscalía para librarse de su poderoso rival.

El proceso de votación en Sudáfrica, que no es obligatorio, es como el gringo: eliges un partido, no a una persona, luego de que este ha nombrado a su candidato. Si al partido le da la gana a mitad de camino te cambia de hombre y ¡zas! tienes presidente nuevo sin urnas, sin golpe, sin roche. Y todo el mundo como las huevas.
Todos menos yo, porque a mí eso de cambiar presidente sin tinta indeleble de por medio me sonaba a sangre, sudor y lágrimas. Como buena latina preparé el cuerpo para días de racionamiento, angustias y apagones, pero nada, todo tranqui. Impresionadísima con tanto civismo.
No me cuadra mucho eso de que no puedas votar directamente por tu candidato, con fotito y todo. Pero es cierto que este sistema fortalece lo que a nosotros tanta falta nos hace: un sólido sistema partidario. El rollo es que acá no se trata del eterno y saludable enfrentamiento entre dos fuerzas igualmente poderosas. Aquí se trata del partido único, si te gusta bien y si no, ponte a la cola para emigrar. El ANC es el abanderado de la democracia en Sudáfrica, de ahí que si eres negro (la gran mayoría) y, más aún, si has vivido lo suficiente para haberte ganado con el apartheid, pensar en una agrupación alternativa o tan solo desear una sana oposición es una traición a la santísima trinidad patria/gobierno/partido. Los hooligans del ANC (especialmente el infame presidente de la Liga Juvenil, Julius Malema) se desgañitan aclarando que son capaces de matar para defender a su candidato. ¡Y ay del poder judicial si osa enjuiciarlo! Aún cuando el tío tenga más de 20 cargos en su contra, desde violación hasta corrupción en un millonario contrato de compra de armas, pasando por fraude, obstaculización de la justicia, abuso de poder y enriquecimiento ilícito. Tremenda joyita.

Mientras tanto, ya hay presidente interino: un tal Kgalema Mothlante, conocido en su cuadra, pero a quien todo el mundo florea. Vieja escuela, perfil bajo, sin aparente angustia por plata o poder… me huele a Chaparrón Paniagua. Ojalá.
Así están las cosas en este país, que aunque se afana en demostrar su status "en desarrollo" no puede negar su inherente condición de republiqueta. Aunque los sudafricanos se computen –mismo los argentinos en Sudamérica– un pedacito de Europa perdido en otro continente, esto es África al fin y al cabo. ¿Desarrollo? ¡Bananas!
Foto 1: Ex campeón Mbeki vs. retador Zuma. Foto 2: interino Motlanthe.