se hace evidente, demostrando que no es lo mismo ser un movimiento liberador que un partido en el poder; ahora que el presidente es blanco de tanta crítica y el gran sueño technicolor post apartheid empieza a desteñirse.
Es como si la sola existencia de Nelson Mandela, aún cuando ya no intervenga en política y limite al máximo sus apariciones en público, bastara para mantener el orden. Su imagen cercana a la beatitud está siempre presente y su nombre es como el superyo del país; su brillante reputación de líder es siempre un referente para evaluar acontecimientos, palabras, actitudes. Es como si evocarlo bastara para contener la violencia, la corrupción y la pobreza, para detener la mano de quienes saquean el país, para convencerse de que la nación del arco iris aún puede ser realidad. Es como si los sudamericanos tuviéramos al Libertador ahí nomás, aún respirando, sosteniendo hasta el último cartucho el imposible sueño bolivariano.
Pero son pocos Bolívar, pocos Mandela en este mundo. Los actuales líderes del ANC se parecen más al innoble político común que al noble Nóbel, el idealismo no va más. Hoy el poder no es una ilusión, es real, y si bien el país ha logrado mantener la democracia que tanto le costó ganar, las desigualdades son gigantes, la pobreza inacabable, el sida incontenible, la educación deficiente, la corrupción ascendente, el crimen descontrolado.
El gran temor es que la partida del ‘tata Madiba’ destape la caja de Pandora que el enorme peso de su nombre ha estado conteniendo. Por eso cada año se celebra su día con fervor. Por eso y porque probablemente sea el único político en el mundo a quien sus compatriotas, todos y cada uno de los 47 millones de sudafricanos, aman profundamente.
viernes, 25 de julio de 2008
Viva Madiba
Ya son 90 y todo Sudáfrica espera q sean 93, 97, 100. Aguanta hasta el mundial. Celebremos tu centenario. No te mueras nunca.
¿Qué pasará cuando desaparezca el último gran héroe? La incertidumbre flota en el ambiente, especialmente ahora que el ANC (African National Congress), su partido, anda dividido; ahora que la corrupción
se hace evidente, demostrando que no es lo mismo ser un movimiento liberador que un partido en el poder; ahora que el presidente es blanco de tanta crítica y el gran sueño technicolor post apartheid empieza a desteñirse.
Es como si la sola existencia de Nelson Mandela, aún cuando ya no intervenga en política y limite al máximo sus apariciones en público, bastara para mantener el orden. Su imagen cercana a la beatitud está siempre presente y su nombre es como el superyo del país; su brillante reputación de líder es siempre un referente para evaluar acontecimientos, palabras, actitudes. Es como si evocarlo bastara para contener la violencia, la corrupción y la pobreza, para detener la mano de quienes saquean el país, para convencerse de que la nación del arco iris aún puede ser realidad. Es como si los sudamericanos tuviéramos al Libertador ahí nomás, aún respirando, sosteniendo hasta el último cartucho el imposible sueño bolivariano.
Pero son pocos Bolívar, pocos Mandela en este mundo. Los actuales líderes del ANC se parecen más al innoble político común que al noble Nóbel, el idealismo no va más. Hoy el poder no es una ilusión, es real, y si bien el país ha logrado mantener la democracia que tanto le costó ganar, las desigualdades son gigantes, la pobreza inacabable, el sida incontenible, la educación deficiente, la corrupción ascendente, el crimen descontrolado.
El gran temor es que la partida del ‘tata Madiba’ destape la caja de Pandora que el enorme peso de su nombre ha estado conteniendo. Por eso cada año se celebra su día con fervor. Por eso y porque probablemente sea el único político en el mundo a quien sus compatriotas, todos y cada uno de los 47 millones de sudafricanos, aman profundamente.
se hace evidente, demostrando que no es lo mismo ser un movimiento liberador que un partido en el poder; ahora que el presidente es blanco de tanta crítica y el gran sueño technicolor post apartheid empieza a desteñirse.
Es como si la sola existencia de Nelson Mandela, aún cuando ya no intervenga en política y limite al máximo sus apariciones en público, bastara para mantener el orden. Su imagen cercana a la beatitud está siempre presente y su nombre es como el superyo del país; su brillante reputación de líder es siempre un referente para evaluar acontecimientos, palabras, actitudes. Es como si evocarlo bastara para contener la violencia, la corrupción y la pobreza, para detener la mano de quienes saquean el país, para convencerse de que la nación del arco iris aún puede ser realidad. Es como si los sudamericanos tuviéramos al Libertador ahí nomás, aún respirando, sosteniendo hasta el último cartucho el imposible sueño bolivariano.
Pero son pocos Bolívar, pocos Mandela en este mundo. Los actuales líderes del ANC se parecen más al innoble político común que al noble Nóbel, el idealismo no va más. Hoy el poder no es una ilusión, es real, y si bien el país ha logrado mantener la democracia que tanto le costó ganar, las desigualdades son gigantes, la pobreza inacabable, el sida incontenible, la educación deficiente, la corrupción ascendente, el crimen descontrolado.
El gran temor es que la partida del ‘tata Madiba’ destape la caja de Pandora que el enorme peso de su nombre ha estado conteniendo. Por eso cada año se celebra su día con fervor. Por eso y porque probablemente sea el único político en el mundo a quien sus compatriotas, todos y cada uno de los 47 millones de sudafricanos, aman profundamente.
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